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domingo, agosto 23, 2020

(kech-3606) La tumba de Perseo

Los ojos de Perseo camino al patíbulo parecen perdidos, escucha a la distancia el trinar de las aves y rememora el olor de los naranjos, su piel se eriza en la sensación de una última caricia; el amor no tiene fin, repite el eco de su voz, las ordenes del verdugo son las voces de su padre incitándolo a vencer el miedo. Perseo llora, la lluvia cae, nadie supo cuando, nadie supo dónde.
 

lunes, febrero 03, 2014

(kech-J1213) Asesino

Debajo de las pesadas herrumbres que cubrían mis manos, mis brazos, mi cuello, mis piernas y mi vida, vivía yo, un hombre simple como todos, no había odio ni enemigos, era la sangre impuesta la que me nublaba, eran las guerras de otros las que me obligaban. Una vez más la existencia me acorralaba; otra vez solo en el borde del abismo, otra vez junto al último de mis suspiros, luchando por liberarme del velo de la razón pura; otra vez estiraba mis ojos hacía el libro, dádiva nigromante de quizás que rara herencia "La espada habita solitaria en el corazón de los guerreros, para el hierro la vida no existe, la muerte menos". La conjunción de letras en aleatorios ordenes era el antídoto al veneno del alma, una vez más había huido, pero hasta cuando ¿Donde me esperará la parca? Los desiertos y las selvas ya no guardan secretos, tampoco las montañas ni los mares. La guerra abre todos tus ojos, expande todas tus pieles, ahonda todas tus papilas, rompe todos los silencios, te hace imperecedero, un invisible, un abandonado; es la forma correcta en que la naturaleza te forma en asesino, si no, no podrías, un animal enfermo solo sirve de carroña, para matar hay que estar vivo y para morir también. Extraños soliloquios que solo sirven para marcar el paso, un tambor interno que no cesa, que oculta el zumbido del llanto y los aullidos del dolor. Abrí los ojos, me sentí libre nuevamente, me levante y seguí la huella; a mi lado los otros, uno o dos o miles, no importaba, somos el engranaje de una maquina de matar, la sangre no cesa, el viento dibuja aromas de carne quemada, uñas, pelos, ropas, las ordenes estaban inscritas en el centro de mi ser, la opción de ser libre me tortura, la imagen del animal enfermo y del pico ensangrentando del carroñero me hace olvidar al hombre, a ese que algunas veces juega al borde de un abismo, ilusoriamente liberador.

lunes, noviembre 15, 2010

(KECH A1-N36) El Mundo

Maldigo todos los cielos, de lo alto y de lo profundo. Maldigo a la alevosía, al invierno y la primavera; maldigo también la alegría, la pena y la cobardía. Maldigo a la locura, al llanto y la letanía. Maldigo a todas las cosas, las de abajo y las de arriba. Maldigo al maldito día que se ha llevado la vida mía. Maldigo todo lo vivo, lo muerto y lo no nacido.Maldigo al grito en la noche, al odio y la rebeldía. Maldigo a todo el silencio, al viento y los cuatro puntos.Maldigo al titiritero y los huesos del carcelero. Maldigo a mi propia sombra, también a la misma historia, maldigo todas las cosas, palomas y golondrinas.Maldigo a los enamorados, a los magos y a los cantores; maldigo a mi propio nombre y también a los predicadores. Maldigo al llanto mío. Escupo en mis pensamientos y quemo los velos del templo. Muerto muero sin dios ni tiempo.

jueves, marzo 18, 2010

a8_j4: el mago

Este hombre conspira contra el universo, el sabe bien que lo que aparenta no es más que una fabula, una burda jugarreta de los sentidos. El tiempo si fuera posible atraparlo en un concepto, sería como un conejo que huye en cualquier dirección y que en cada infinitesimal camino que escoge se encuentra con un lobo que no es otra cosa que la ilusión que le facilita y condena al eterno movimiento. Si el conejo es el tiempo el lobo es la nada. ¿Dónde debemos entonces situarnos? ¿En la mirada absoluta del lobo o en la huída relativa del conejo? Lo que más conviene es estar simultáneamente en ambos estados, para ello hay que conjeturar y por sobre todo trabajar y trabajar. Es posible que después de un gran esfuerzo logremos situarnos en las orejas del conejo y animarlo a traspasar las fauces del lobo; al otro lado nos espera todo, un vacío inmenso que corroe el alma y te empuja al fondo de la locura, para que aquello no ocurra debemos ir dispuestos a dicho encuentro. La disposición a los encuentros se logra en la combinación de factores, cualquiera de ellos puede servir, una moneda al interior de una botella o un papel mojado en agua de azafrán, todas las combinaciones posibles pueden ser reconocidas en el taller del maestro, por eso todos lo visitan y lo observan. Muchos esperan alguna receta mágica, pero no hay. La magia es el encanto del no estar, del no saber, del no desear o dicho de otra forma, la magia es el arte del desprendimiento. Así como podemos subirnos a las orejas del conejo, también podemos ser las fauces del lobo y atrevernos a devorar a los infinitos saltarines que pululan nuestra existencia; para eso también debemos prepararnos: en el camino del lobo no hay lugar para cobardías. La magia es el camino y el universo el destino y el origen del ser.

sábado, diciembre 05, 2009

a7_j296: La muerte

La muerte pretenciosa cabalga en montura de oro, debajo de su manto esconde la ponzoña, el zumo dulce que cae de los besos. Las mujeres y los hombres la idolatran, la buscan y la añoran en ansiosa espera; creen que por medio de ella se consigue la llave que abre el baúl de los buenos deseos; mariposas diamantinas adornan su cabeza; arañas cristalinas van abriendo el camino a su cabalgadura. Bendita la hora en que ocurre el cruce de caminos; atento el ojo, silente la oreja, la piel extendida y el olfato encendido; todas las sensaciones concurren en un solo punto; el cielo estalla, la tierra estalla, la vida surge. Hay otros y otras que la huyen, se le esconden, la quieren matar mas ella no sabe de estrategia, tampoco de quien es quien; solo sabe que en su manto y sus caminos todas y todos tendrán que aparecer. Iluminemos nuestras sombras y hagamos nuestra luz oscurecer; si nada tenemos y nada debemos en justicia debemos amanecer.

miércoles, julio 01, 2009

A7:N45: El destino

Me llevó el señor ayer por la tarde pero me trajo de vuelta antes de acostarme; dejé a un lado la ropa al otro los zapatos, en un vaso de vidrio las cuatro monedas, debajo del buda los dos billetes. Desperté cansado, estaba arrepentido; los dientes duelen de tanto apretar; la vida muerde; enrollada a mi tobillo necrótico la serpiente se envenena y muere, pero antes llora; ay la vida que tormenta. Mañana el señor me llevará de paseo nuevamente; mañana el señor me obligará a buscar entre mis huesos y el polvo de mis vísceras y yo de nuevo, le pondré cara de cordero y yo de nuevo me daré vuelta de carnero y yo de nuevo me dormiré esperanzado: todo eso será mañana, porque hoy es un nuevo día; otra vuelta de tuerca, otro girar de la fortuna; otro intento de ponerle el cascabel al gato.