domingo, julio 30, 2017
(KECH-J2486) Confucio y el gitano
martes, febrero 10, 2015
(KECH-J1584) Receta para depresivas y depresivos
Simula que estas recién operado u operada,
que te han sacado las tripas, el páncreas, las orejas y un pedazo de corazón; luego camina por la
vida como si eso fuera cierto; dibuja en las paredes, perros y gatos ayudan a desvanecer
la melancolía. Adhiérete a la mano de alguien a quien no conozcas, asáltale de
improviso, hazle ver que va en serio, que si no te lleva contigo tu te vas con él
o con ella, pues no importa su sexo, lo importante es que respire y claro, que
reaccione, que te rechace, que te haga ver con energía que has perdido la
cordura, si te lleva o deja que le lleves, huye, rápido y raudo, las personas
sumisas no son confiables; en medio de la huída deshazte de tus zapatos, aprovecha el impulso y bota también
aquello que no te sirva o que no quieras tener, es el tiempo de abandonarlo
todo. No temas por lo que venga, pues no existe; tampoco sufras por lo que ya has hecho, ya no importa, aunque te encarcelen, te
quemen o te despellejen, no importa, el pasado tampoco existe, eso si, no
omitas tu memoria, hasta donde te alcance, es la más preciada de tus guías, la
llave maestra de tu destino, no hay mejor enseñanza que la propia, veras que es
cierto aquello que dictó Heráclito: “En los mismos ríos entramos y no entramos,
somos y no somos“; si no cuidas el libro
de tu memoria serás presa del olvido, el lugar de los no lugares, la cuna de la inconsciencia, la música que acompaña el paso cansino de los borregos. Así
entonces, de repetir y repetir, un día cualquiera te darás cuenta que no estas
ni cerca ni lejos, que nunca te fuiste, que nunca volviste, que has estado
siempre, que eres uno de los infinitos centros de este inmenso paisaje
universal, entonces, ¿ Para que reír?¿Por qué llorar?domingo, julio 27, 2014
(KECH J-1387) Eid al Filtr
Al final del día, cualquier hora, pues los husos confunden
la razón, tomaré una canasta de caramelos, chocolates y masas dulces para los niños y niñas de mi alma; abriré camino entre ruinas, cadáveres y
polvo, para tocar invisibles puertas de fantasmales familias; arriba los
aviones siguen escupiendo metralla, abajo las puertas del paraíso comienzan a
cerrarse. En la última luz de la utopía, una lágrima se mezcla con el suelo
ensangrentado del país de la desesperanza. Mañana vuelvo a casa, el infierno es
mi guarida.lunes, julio 07, 2014
(KECH-J1367) El vuelo del pequeño sastre
Por una extraña costumbre solemos hablar de la gente después
que esta ha dejado de existir en este plano, digo el de los vivos, y yo que
pertenezco a la misma tribu a la que pertenecemos todoslunes, febrero 03, 2014
(kech-J1213) Asesino
Debajo de las pesadas herrumbres
que cubrían mis manos, mis brazos, mi cuello, mis piernas y mi vida, vivía yo,
un hombre simple como todos, no había odio ni enemigos, era la sangre impuesta
la que me nublaba, eran las guerras de otros las que me obligaban. Una vez más
la existencia me acorralaba; otra vez solo en el borde del abismo, otra vez
junto al último de mis suspiros, luchando por liberarme del velo de la razón
pura; otra vez estiraba mis ojos hacía el libro, dádiva nigromante de quizás
que rara herencia "La espada habita solitaria en el corazón de los
guerreros, para el hierro la vida no existe, la muerte menos". La
conjunción de letras en aleatorios ordenes era el antídoto al veneno del alma,
una vez más había huido, pero hasta cuando ¿Donde me esperará la parca? Los
desiertos y las selvas ya no guardan secretos, tampoco las montañas ni los
mares. La guerra abre todos tus ojos, expande todas tus pieles, ahonda todas
tus papilas, rompe todos los silencios, te hace imperecedero, un invisible, un
abandonado; es la forma correcta en que la naturaleza te forma en asesino, si
no, no podrías, un animal enfermo solo sirve de carroña, para matar hay que
estar vivo y para morir también. Extraños soliloquios que solo sirven para
marcar el paso, un tambor interno que no cesa, que oculta el zumbido del llanto
y los aullidos del dolor. Abrí los ojos, me sentí libre nuevamente, me levante
y seguí la huella; a mi lado los otros, uno o dos o miles, no importaba, somos
el engranaje de una maquina de matar, la sangre no cesa, el viento dibuja
aromas de carne quemada, uñas, pelos, ropas, las ordenes estaban inscritas en
el centro de mi ser, la opción de ser libre me tortura, la imagen del animal
enfermo y del pico ensangrentando del carroñero me hace olvidar al hombre, a
ese que algunas veces juega al borde de un abismo, ilusoriamente liberador.jueves, mayo 16, 2013
(KECH-J949) Los singulares sueños de una marioneta empedernida (s1)
martes, abril 30, 2013
(KECH-J933) Esquina
lunes, agosto 13, 2012
(KECH-J674) Heroína
martes, julio 03, 2012
(KECH-J633) Historia de un pez
miércoles, mayo 30, 2012
(KECH-J599) La prueba Borges
lunes, enero 09, 2012
(KECH -j457) un día distinto
miércoles, octubre 26, 2011
(KECH -N381) Glovis
domingo, agosto 21, 2011
(KECH A1-N316) La edad del sol
Habíamos nacido perfectos, tú y yo, los inconclusos. Pero el tiempo no resistió tanta belleza y de un rayo nos hizo polvo, de estrellas y de olvido. Desde ese día muevo los hilos tratando de liberarme de la carne que encadena. Desde ese día me encumbro y caigo, como un Icaro invisible aleteando monótono en un éter ingrávido, como una llorona cibernética jineteando sin cabeza en un sendero de lagrimas de sangre. Desde ese día espero.
lunes, julio 04, 2011
(KECH A1-J268) En tarde fria de invierno porteño recordando a mi amada Mumita
Fue el tiempo de la completitud // la nada fue repletada de colores alborozados // eras la traslucida mirada de gata parda verde amarilla // la del pelo viento enredadera de los sueños // la del ceño fruncido que encaraba rabias de injusticias eternas // la candela de la mano fría del niño triste o del pellejo sarnoso del hermano perro // la de las mañanas dormidas y la aventura presurosa del despertar de los libros // de la luz y los colores // del saber alegre y desconfiado de verdades inertes// la dama de las películas de antaño// la bailadora de cuentos de hadas // entre la poesía y la chucha limpia/ /bendita seas bendición de mi delirio // amada seas eterno corazón de mis silencios. jueves, mayo 26, 2011
(KECH A1-D227) ¿Por qué las personas escriben novelas pudiendo escribir cuentos?
Por qué las personas escriben novelas pudiendo escribir cuentos? Esta clásica pregunta de lectores ardorosos tiene tantas respuestas como estrellas hay en el cielo, tal cual es posible encontrar respuestas a otras clásicas preguntas como son a modo de ejemplo la interrogante del porque los perros persiguen a los gatos o del porque los hombres prefieren reunirse a platicar con sus amigos en vez de quedarse solos mirando hacia ninguna parte; no obstante de las muchas respuestas vistas, me quedo con dos, una dada por Jorge Luis Borges, quién dice: "Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros; el de explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos" y otra dada por Roland Barthes quien esboza con hermética galanura, lo siguiente: "Innumerables son los relatos del mundo". A pesar de que las dos citas anteriores satisfacen plenamente mi inquietud dubitativa, requiero, con el fin de dejar bien cerrado el hoyo de esta interrogante, esbozar a modo de síntesis lo dicho por Gabriel García Márquez: "Lo que más me importa en este mundo es el proceso de creación. ¿Qué clase de misterio es ése que hace que el simple deseo de contar historias se convierta en una pasión, que un ser humano sea capaz de morir por ella; morir de hambre, frío o lo que sea, con tal de hacer una cosa que no se puede ver ni tocar y que, al fin y al cabo, si bien se mira, no sirve para nada?". Contar historias es exponer una idea para sumarla a la memoria de Funes, a la Biblioteca Infinita o al almanaque de los innumerables relatos, hacerlo más o menos extenso con más o menos talento es lo que va haciendo las diferencias; ahora ojo, que el talento es más un hijo del tiempo y la paciencia que del genio, aunque sin este último, ya sea a lo menos en condición de ambición, es imposible aventurar en la construcción de realidades desde el pensamiento creativo de una mujer u hombre ansioso y dispuesto a parir historias. A esta altura, me pregunto ¿Por qué he llegado hasta aquí? ¿Qué me ha motivado a sumar una nueva página a mis propios relatos, muchas veces soliloquios? Debe ser, tal vez, la sana ociosidad de un momento libre de todo otro momento, una grieta atemporal en el circuito de mi vida, misma que me podría servir de inspiración para muchos, para infinitos relatos, tal cual he ido aprendiendo de mis maestros y maestras; yo mismo soy todas las posibilidades del universo y conmigo nacen y mueren los infinitos universos de galaxias, mariposas, perros, gatos y estrellas. Que este sea solo un cuento o una novela, dependerá fundamentalmente de las cosas que ocurran al interior de este laberinto; si por la puerta principal de esta habitación entra un hombre de apariencia gris, maltraído y con cara de asesino o el mismo hombre gris acompañado de un conejo blanco y de una pareja de enanos o simplemente si no entra nadie. Mi vida en el laberinto versión hombre gris con cara de asesino.
El llegó hasta aquí a la hora que deb
ía; venía cansado, tenía hambre y sed. Luego de apuntarme con un revolver calibre 58 y de amarrarme a la única silla disponible en esta habitación, me explicó que su misión era hacerme desaparecer, que él era el ejecutor de un juicio ya realizado donde mi única defensa fue esgrimida por una mujer vieja y enferma, evidentemente carcomida por años de dolor y sufrimiento que decía ser mi madre y que apelaba a mí condición de buen hijo, de persona amable que jamás habría siquiera haberse atrevido a dañar a alguien, pero que, a pesar de su tono lastimero y su discurso consistente, no fue capaz de desacreditar y mucho menos negar el testimonio veraz de una decena de victimas con sus respectivas centenas de testigos, algunos encubiertos otros no, que señalaban con indesmentible e inquebrantable lucidez el carácter anómalo de mi personalidad y el gran daño que había causado en la vida de todas ellas. Me señaló que antes de morir, mejor dicho que antes de matarme, él debía leer el veredicto del juez, cuestión que haría una vez que pudiese comer algo y descansar; nadie, indicó con un tono abatido, puede viajar una vida entera, luego de participar de un juicio que duro otra vida completa, llegar a realizar una ejecución sin tener satisfechas necesidades mínimas como son no tener hambre, sentirse limpio y descansado. Lo miré con cara de pollo y le dije que bajara a la cocina, que comiera lo que quisiese, que luego podría bañarse y que si quería podría también cambiarse ropa, usando la mía que estaba limpia; hizo un ademán de aceptación, dio media vuelta y bajó. Han pasado cerca de doscientos años desde aquel evento y nada ha cambiado; sigo aquí sentado y mi verdugo aún no regresa; hay momentos en que tengo ganas de escapar, pero no me atrevo, pues no quiero seguir causando daño a seres imaginarios, no quiero que a mi condena le sumen también la rebeldía; aunque me sueño bajando por las escaleras gritando mi libertad mi sentido de justicia me obliga a seguir esperando a este hombre gris y cansado que tiene por misión matarme.
Mi vida en el laberinto versión hombre gris con conejo blanco y pareja de enanos.
Al verlos entrar no pudiste hacer otra cosa que reírte, no podías parar de reír, nunca antes te habías reído así, cuando las lágrimas comenzaron a secarse y la cianosis comenzó a cu
brirte el rostro, el conejo absolutamente descontrolado salto sobre tu cama apoderándose con sus incisivos del lóbulo de tu oreja derecha la que no soltó hasta el momento en que le diste un puñetazo y lo hiciste saltar hasta la ventana, claro que con el hocico ensangrentado y llevando entre sus dientes un colgajo de tu oreja; al momento que aullabas de dolor el hombre gris comenzó a llorar y la pareja de enanos a vociferar maldiciones y juicios funestos respecto de tu vida y la maldad, al mismo tiempo que corrían a socorrer al conejo. Pasados unos minutos el hombre gris se acercó al enano y a los conejos, formando los cuatro una línea frente a ti justo a los pies de tu cama. La sangre de tu oreja seguía saliendo a borbotones, ya no reías, tampoco aullabas, solo respirabas entrecortadamente, buscando aire para decir algo que no sabías, tu mente confusa trataba de explicar quiénes eran y que hacían aquí. El hombre gris comenzó a hablar, te dijo que este encuentro no era fortuito; él era un buscador, el conejo su guía espiritual y el par de enanos sus servidores; los buscadores eran los encargados de entregar mensajes que alguien nunca se atrevió a entregarte directamente, cosas que alguien te quiso decir pero que nunca pudo, ya sea porque no se atrevió o porque se arrepintió o porque lo olvidó, o también mensajes que tu no captaste porque no los viste, no los oíste o no les prestaste atención; su misión en este aquí y ahora era entregarte esos mensajes, eran muchos y les quedaba poco tiempo; pidió disculpas por el actuar apresurado del conejo, lo exculpó señalando que tu risa era una provocación a la quietud del alma de su guía. Los enanos sacaron de sus bolsillos un par de libros y una carpa inflable azul con forma de iglú coronada por un juego de luces led que titilaban al ritmo y frecuencia de los sonidos del ambiente. El hombre gris se sentó al centro de la carpa, sobre su hombro el conejo y en sus flancos cada uno de los enanos; comenzó la lectura. Lo primero que escuchaste fue un texto escrito por tu madre que decía: “6 huevos, medio kilo de pan, un cuarto de azúcar”, fue aquella vez que llegaste a casa con dos kilos de pan y tu madre te reprendía por no haber traído azúcar y huevos, enojado rememorabas que a esa edad no sabías leer y que nunca habías visto ese maldito papel; pasaron frases cortas de amiguitas que te quisieron; una nota de tu padre en una oportunidad en que se arrepintió de suicidarse; cartas de cobranza; pensamientos de muchos y muchas que se quedaron en el cruce de los universos; las quejas de tu hija por no ser todo lo buen padre que ella hubiese deseado que fueses; las de tu mujer, cansada de tus muchas borracheras; también destacaban los deseos buenos y malos de muchos y muchas respecto de tu destino. Cuando habían transcurrido ya cerca de quinientos años, el hombre gris detuvo abruptamente la lectura, diciendo que tu tiempo y el de él había concluido que eran muchas más las vidas necesarias para cubrir completamente tus contraesperas y contrasilencios; no era posible hacer nada más, miró a su izquierda y derecha indicando una orden que solo sus guardianes podían comprender. Uno de los enanos sacó de sus bolsillos una mesa, un mantel y un par de cubiertos, el otro un brillante cuchillo y un saco de seda; prepararon la mesa instalándola hacía el fondo de la carpa; en una silla pusieron al conejo en la otra te sentaron a ti; acostaron al hombre gris sobre tu cama y con limpios cortes lo desmembraron, echaron todo, menos el corazón dentro del saco de seda; uno de los enanos llevo el corazón del hombre gris hasta la mesa que compartías con el conejo, puso un trozo en tu plato y el resto en el plato de tu acompañante; uno de los enanos guardo el saco y el cuchillo entre sus bolsillos, el otro se hizo cargo de la carpa y todo lo que existía en la habitación a excepción de la mesa, por la misma puerta que llegaron se fueron; solo quedaban el conejo, tú y vuestra cena. Comenzaron a cenar; no sabías como hacerlo; no habían palabras, ni gestos, ni miradas; intuitivamente repetiste los ademanes de tu acompañante; luego de comerse todo lo que estaba fuera de la habitación, el interior de la habitación, cada trozo de corazón del hombre gris, la carpa, la mesa y los platos se comieron uno al otro en un acto infinito que da paso al fin de esta historia y al comienzo de otra.
Mi vida en el laberinto versión no entra nadie.
La puerta de esta habitación sigue siendo una abertura que limita el adentro y el afuera, una línea imaginaria que se ubica en el no lugar. Cada vez que me he atrevido a cruzarla en una u otra dirección he debido necesariamente abandonar, en cualquiera de los extremos, aquello que no puede estar en el otro; estas cosas, generalmente de naturaleza intangible, pues las que se tocan se integran en propiedad al lugar que las contiene, quedan abandonadas o con suerte, suspendidas, en el imaginario de lo que fue, de aquello que no volverá a ocurrir jamás. Después de cientos de años de ir y venir, de abandonar y de recuperar, de muchos cruces por
el no lugar he llegado a la sana conclusión que nadie podrá nunca estar ahí, pues si cualquier alguien lo lograra en ese mismo instante todo se congelaría convirtiendo a los infinitos adentros y afueras que hoy existen en antilugares; un universo que se construye de no lugares y antilugares es sin duda algo más que uno o muchos mundos imaginarios; sería ciertamente un terreno fértil para el surgimiento de Alicias y otros héroes menos conocidos como son los Gregorianes y las Mistifeles. El universo de los anti y los no lugares solo es posible, como antes dije, si alguien logra una instalación de un aquí y un ahora en la capa sutil que une y al mismo tiempo divide al adentro y al afuera; como nadie entra por la puerta tampoco nadie sale, por lo tanto aquel estado de no-lugar se encuentra solo en estado potencial, que podría ser posible o manifiesto a partir del reconocimiento de su imposibilidad; en resumen, habitaremos el mundo de los mundos imaginarios, el metalugar, solo cuando logremos un salto a lo imposible y esto solo ocurrirá –u ocurrió- una vez, el registro de tal evento fue-es-sería solo observable a nivel infinitesimal es decir en el espacio que se construye en los límites, que no es otra cosa que el mundo cuántico, mundo por lo demás absolutamente relativo y al que podemos llegar intermediando sigilosas naves que nos permiten realizar aproximaciones infinitas a algo que se aleja cada vez que te le acercas, condición que permitiría la mantención del andar revolucionario según la definición de utopía desplegada por Manoli. Entonces si Manoli tiene razón y nadie entra por esa puerta, desde esta posición del laberinto puedo decir que mientras mantenga mi mente atenta en la conquista del no lugar, aunque nada haga, el mundo seguirá revolucionándose y confabulando a favor de la felicidad asociada al buen vivir y también al buen morir.
Hecho un rápido recorrido por los tres posibles lugares llego a la conclusión que el relato construye un mundo al que cualquiera puede acceder, incluyendo al constructor, sin mediar más clave que la capacidad de descifrar signos y construir significancias, que son tan propias como míos son los enanos, las puertas, los conejos blancos, los hombres grises y las habitaciones.
domingo, febrero 27, 2011
martes, diciembre 28, 2010
(KECH A1-D79) Kordus
Vendrá un día en que el temporal de tu ausencia hará trizas los artefactos que anclan el cuerpo y la mente a la cordura. Ese día vendrán desde los siete rincones las agujas que separan las hojas de los almanaques que ya nadie lee, las arcillas envueltas en papeles de regalo, las risas espolvoreadas por las plazas de la ciudad, los vendedores de helados fantasiosos, las mujeres que observan por ventanas, los vientos y sus brisas tibias y frías, los almaceneros que engordan sus panzas con monedas sobrantes de impuestos escondidos y los gatos, vendrán muchos gatos, todos los gatos del universo estarán aquí, se presentarán ansiosos, con sus colas al cielo y sus pelos relamidos, ellos serán los encargados de adornar el día del encuentro del sentido. Aquel día me vestiré de gala; cubrirá mi cabeza una cinta de plumas de aves exóticas de la amazonía; mi cuello estará rodeado por láminas de plata labrada; mi brazo derecho se abrigará de retazos de sedas de muchos colores, el izquierdo ira desnudo, dejando ver tatuajes mortuorios de los indios navajos; el torso llevará una camisa color amaranto abotonada hasta el cuello, las caderas y las piernas irán cubiertas de un pantalón blanco de lino grueso que rematan en unos pies descalzos que resaltan uñas pintadas de verde y azul, por último, las manos, estarán la una teñida del rojo de tu vida y la otra del púrpura de tu cielo. Cuando todo este dispuesto, emergeré desde la fuente de Neptuno; al mismo tiempo, desde Atkinson una fanfarria variopinta lanzará acordes recubiertos de rayos láser de colores que crearán un escenario espectral que alentará la apertura de las alcantarillas. Ratas y muertos aflorarán de los adoquines; el primero en volver será Dubois, todo cubierto de musgo y con una sonrisa de oreja a oreja cantará el tango “Volver”, las mujeres que miran por las ventanas le lanzarán pétalos de rosas y los millones de gatos maullarán al unísono haciendo enrojecer a la pálida luna que surgirá allá tras La Campana. Después que el asesino milagroso haya terminado su actuación, vendrá el turno de las cucarachas, cientos, miles de ellas bajando en un zumbido tenue desde lo alto de la Plazuela San Luis, pasarán algunas de infante redoblando sus patitas en marcha china y las otras moviendo sus alas escarlatas y dibujando mariposas en la noche alumbrada por faroles a vela. Detrás de las cucarachas vendrán los perros, primero los perseguidores de ruedas, comandados por Lupo, un perro negro y flaco con cola de plumero; luego los roba pescados, dirigidos por Laica, la de patas cortas y pelo duro; por último los muerde piernas, esos que se juntan en esquinas y plazas para asustar a cualquiera. El remate de las marchas estará a cargo de las palomas, las gaviotas y los murciélagos; en el piso las palomas en escuadrón, sobre ellas y en vuelos rasantes irán los murciélagos, más arriba en lo alto, gaviotas en envergadura blanca chillando la marcha del escuadrón de las voladoras. Terminados los honores introductorios cesará la fanfarria y se apagarán las luces; los colores darán paso a la penumbra sepia de un Valparaíso en velas; se otorgará un espacio al silencio, mismo que será corrompido por el burbujear de la fuente de Neptuno que comenzará a bullir en la transformación del agua en lava y fumarolas de un volcán apasionado que estuvo oculto hasta hoy, el día de nuestro reencuentro. En medio de ese silencio en sepia, lanzaré un grito de alegría dolor para hundirme luego en el fuego puro del dolor; un coro de ángeles negros cantará mi nombre y una bandada de golondrinas dibujará el tuyo en el trasfondo rojizo de la luna que siguió perpleja la trama estrepitosa de esta escena de amor universal.
sábado, diciembre 18, 2010
(KECH A1-D69) Las cartas

El espíritu y el corazón del autor, en este caso la autora, o su cuerpo y su mente, siguen brillando cada vez que cada una de sus obras es recogida o vista por alguien, para mi hombre simple y fisgón, hijo ilustre del siglo pasado, afortunado de haber sido el padre de tan bella creadora no me queda más que expresar alegría y agradecimiento por haberla acompañado en su fugaz paso por este planeta y ciertamente orientar, humildemente, a otrxs observadorxs respecto de la historia de la ilustraciones. Ciertamente cada cual tiene la libertad de interpretar el mensaje visual desde su propia perspectiva y otorgarse el derecho a la deconstrucción y a la recreación de la historia, para ello dispone de un espacio en blanco que estará siempre dispuesto para que se atreva a la fantástica aventura de viajar por los mares de la imaginación.
Las Cartas.
Las cartas seres sintientes que acompañan a la humanidad desde siempre, un buen día decidieron dejar de trabajar y se amotinaron en un rincón de la oficina de correos. El motivo era la creciente perdida de sentido de su ser, principalmente porque cada día más eran usadas solo con fines comerciales y judiciales, los mensajes de amor, de amistad o por lo menos de despecho u odio eran cada vez menores, lo peor de todo era que ya no las hacían con lápices, menos con las elegantes plumas de antaño, si no con tinta o polvo láser que se impregnaba en papel por medios electrónicos o por prensas. Un horror insoportable; ellas se negaban a ser usadas como medios de cobranza, de amenazas judiciales, de rendición de cuentas o de soporte de saludos estandarizados donde hasta las firmas no eran más que la reproducción en miles y a veces millones de una que en algún momento surgió desde la mano de alguién. Exigían a los humanos que volvieran al sentido prístino de la comunicación, que volvieran a sentir que cada mensaje era para un receptor único e irrepetible y que cada emisor no podía abandonar de su corazón la imagen y el sentimiento de quien lo leería. Pasaron muchos días, semanas, meses y años; los mensajes siguieron circulando, a falta de cartas los humanos comenzaron a usar con más intensidad los artilugios electrónicos, teléfonos, computadoras y lecto-escritores digitales eran los preferidos, ya nadie se acordaba que en un rincón de alguna oficina de correo de algún lugar del mundo un grupo de heroicas cartas se amarilleaban y resquebrajaban al paso del tiempo con el único fin de recuperar el sentido de las palabras y los sentimientos.
viernes, septiembre 24, 2010
A8_N192: Perro negro
El bosque encantado se ha llenado de lobos; lás últimas moscas abandonan los huesos ya limpios hasta el brillo. Desde lo alto el Tue-Tue grazna tres veces; debajo de las sabanas un hombre se corta las orejas pero de todas formas muere, no es posible trampearle a la inefable e inequivoca reina de los cielos. Desde el techo de esta casa oteo hacia otros lares; mi ama y yo nos vamos rumbo al norte.







