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domingo, julio 30, 2017

(KECH-J2486) Confucio y el gitano


Las olas del otoño tiñen todo de un color ámbar, un tapiz crujiente va marcando los pasos de una ciudad adormecida cubierta de  gentes taciturnas, cavilantes, grises. En este paisaje me siento feliz, no paso inadvertido, ellos, también ellas, sienten mis pasos, el resoplido sonoro de mi respirar, como ríe la vida, perdón, esa es otra historia, la de Gitano. 
Decía que aquí, hoy, me siento feliz, despiertan mis ganas de devorar, masticar tibia carne, son las olas del otoño y las hojas, crujientes quiebres de finos huesos, brillan mis ojos, me transporto. 
Soy yo y seis otros hijos y otras hijas de mi madre, ellos son tres y tres ellas también, el primero o el mayor soy yo, antes de mi ella era solo una ahora son más que uno, quizás sin límites, pero, al mirar atrás en busca de principio veo que otras yo me están antecediendo, ya han construido y me han dibujado, hecho cuerpo, hecho carne, Gitano me llamaron.
He aprendido a amar a Confucio, no necesito buscarlo, ni esperarlo, ni abandonarlo, siempre está, es su poder. En un comienzo yo era inmune, me era invisible...

Lo que sigue: Amalgama pluriforme de ángulos e intersticios.

martes, febrero 10, 2015

(KECH-J1584) Receta para depresivas y depresivos



Simula que estas recién operado u operada, que te han sacado las tripas, el páncreas, las orejas  y un pedazo de corazón; luego camina por la vida como si eso fuera cierto; dibuja en las paredes, perros y gatos ayudan a desvanecer la melancolía. Adhiérete a la mano de alguien a quien no conozcas, asáltale de improviso, hazle ver que va en serio, que si no te lleva contigo tu te vas con él o con ella, pues no importa su sexo, lo importante es que respire y claro, que reaccione, que te rechace, que te haga ver con energía que has perdido la cordura, si te lleva o deja que le lleves, huye, rápido y raudo, las personas sumisas no son confiables; en medio de la huída deshazte de  tus zapatos, aprovecha el impulso y bota también aquello que no te sirva o que no quieras tener, es el tiempo de abandonarlo todo. No temas por lo que venga, pues no existe; tampoco sufras por lo que ya has hecho, ya no importa, aunque te encarcelen, te quemen o te despellejen, no importa, el pasado tampoco existe, eso si, no omitas tu memoria, hasta donde te alcance, es la más preciada de tus guías, la llave maestra de tu destino, no hay mejor enseñanza que la propia, veras que es cierto aquello que dictó Heráclito: “En los mismos ríos entramos y no entramos,  somos y no somos“; si no cuidas el libro de tu memoria serás presa del olvido, el lugar de los no lugares, la cuna de la inconsciencia, la música que acompaña el paso cansino de los borregos. Así entonces, de repetir y repetir, un día cualquiera te darás cuenta que no estas ni cerca ni lejos, que nunca te fuiste, que nunca volviste, que has estado siempre, que eres uno de los infinitos centros de este inmenso paisaje universal, entonces, ¿ Para que reír?¿Por qué llorar?

domingo, julio 27, 2014

(KECH J-1387) Eid al Filtr

Al final del día, cualquier hora, pues los husos confunden la razón, tomaré una canasta de caramelos, chocolates y masas dulces para los niños y niñas de mi alma; abriré camino entre ruinas, cadáveres y polvo, para tocar invisibles puertas de fantasmales familias; arriba los aviones siguen escupiendo metralla, abajo las puertas del paraíso comienzan a cerrarse. En la última luz de la utopía, una lágrima se mezcla con el suelo ensangrentado del país de la desesperanza. Mañana vuelvo a casa, el infierno es mi guarida.


Origen de la imagen: http://img.dunyanews.tv/news/2013/August/08-08-13/news_big_images/186984_14292653.jpg

lunes, julio 07, 2014

(KECH-J1367) El vuelo del pequeño sastre

Por una extraña costumbre solemos hablar de la gente después que esta ha dejado de existir en este plano, digo el de los vivos, y yo que pertenezco a la misma tribu a la que pertenecemos todos
hago lo mismo; mas esta vez lo hago con autorización, no expresa del difunto porque no me la puede dar o quizás me la esta dando al facilitar que el flujo de pensamientos se impregne en signos descifrables para otros, bueno no es lo central; me siento autorizado por su presencia, que no es otra cosa que el estar, más allá del cuerpo, más allá del tiempo y del espacio. Estamos cuando nos entrecruzamos, cuando hacemos del encuentro un rito y convertimos los gestos en historia, del hoy y del mañana, es decir esculpimos un instante que es imperecedero, que se queda radiante por una eternidad. Miró la ventana y la luz del sol trasluce los quietos colores de mis fantasías budistas; unas más largas y otras más cortas, las banderitas verdes, azules, rojas, amarillas y la blanca, trastocan mi atmósfera con una mano tibia que agradece el encargo y que trasunta de trabajo el cuento de la sombra y del olvido. El pequeño sastre, un muy buen nombre para uno de los muchos magos que van pintando nuestra vida sin que siquiera lo sepamos; en su enjuta maquina que ahora tiene alas, vuela feliz surcando el cielo entelado de un Valparaíso que no se resigna a la ignominia y al asco de los rapaces.

lunes, febrero 03, 2014

(kech-J1213) Asesino

Debajo de las pesadas herrumbres que cubrían mis manos, mis brazos, mi cuello, mis piernas y mi vida, vivía yo, un hombre simple como todos, no había odio ni enemigos, era la sangre impuesta la que me nublaba, eran las guerras de otros las que me obligaban. Una vez más la existencia me acorralaba; otra vez solo en el borde del abismo, otra vez junto al último de mis suspiros, luchando por liberarme del velo de la razón pura; otra vez estiraba mis ojos hacía el libro, dádiva nigromante de quizás que rara herencia "La espada habita solitaria en el corazón de los guerreros, para el hierro la vida no existe, la muerte menos". La conjunción de letras en aleatorios ordenes era el antídoto al veneno del alma, una vez más había huido, pero hasta cuando ¿Donde me esperará la parca? Los desiertos y las selvas ya no guardan secretos, tampoco las montañas ni los mares. La guerra abre todos tus ojos, expande todas tus pieles, ahonda todas tus papilas, rompe todos los silencios, te hace imperecedero, un invisible, un abandonado; es la forma correcta en que la naturaleza te forma en asesino, si no, no podrías, un animal enfermo solo sirve de carroña, para matar hay que estar vivo y para morir también. Extraños soliloquios que solo sirven para marcar el paso, un tambor interno que no cesa, que oculta el zumbido del llanto y los aullidos del dolor. Abrí los ojos, me sentí libre nuevamente, me levante y seguí la huella; a mi lado los otros, uno o dos o miles, no importaba, somos el engranaje de una maquina de matar, la sangre no cesa, el viento dibuja aromas de carne quemada, uñas, pelos, ropas, las ordenes estaban inscritas en el centro de mi ser, la opción de ser libre me tortura, la imagen del animal enfermo y del pico ensangrentando del carroñero me hace olvidar al hombre, a ese que algunas veces juega al borde de un abismo, ilusoriamente liberador.

jueves, mayo 16, 2013

(KECH-J949) Los singulares sueños de una marioneta empedernida (s1)

(s1) Lobo: La puerta de la cocina estaba abierta, desde fuera sentía un profundo, un exquisito, un sabroso, olor a carne fresca. Me acerqué despacio, metí la cabeza buscando a algún humano, nadie; la cocina estaba vacía y sobre una mesa, un inmenso trozo de carne, fresca y sanguinolenta; entré, los goznes de la puerta no sonaron; me arrastré, si alguien me sorprendía le haría creer que dormía; seguí avanzando, lentamente, lentamente, los pocos metros que me separaban de mi trofeo parecían ser toda una vida; recordé mi nacimiento, los duros momentos de la calle, aquellos en que tenía sólo unos días y hambre, hambre, tanta que no podía moverme y esperaba echado que algo sucediera, cualquier cosa, algo que me sacara del limbo de la agonía, algo que me ayudara a un buen morir y que me permitiera no seguir sintiendo la perforación del alma que el hambre produce; recordé el rescate, mi primera comida, la segunda después del exquisito y paradisíaco momento en que me sacié hasta el sueño en las tetas de mi madre; luego vino la casa, esta casa, pero antes, la sonrisa, la caricia de Jacinta, mi ama, bella señora que me dio calor, amor, cobijo. En un momento me sentí un traidor; no era hambre lo que me motivaba, no era la búsqueda de reconocimiento, ni tampoco odio, era carne y sangre, aquello a lo que un lobo jamás renunciaría. De un brinco me agazapé, mis mandíbulas de acero corrían por la llanura, de pronto, desde el cielo y como un rayo, cae el palo de la escoba sobre mi lomo, luego la voz de Jacinta, como un trueno, gritando, suelta la carne mal agradecido, suéltala, suéltala; me retorcí como un caimán, me di vuelta, vi su airado y desfigurado rostro, quise saltar sobre ella en defensa de mi presa, pero de la nada otro escobazo y otro y otro, aúlle de dolor, mi alma de lobo estaba herida, me abalancé sobre ella, atrapé su cuello, su sangre manaba tibia, era mía, mía, mía. Desperté sudando; Jacinta me acariciaba, me susurraba, me llamaba a la calma; me dio una galleta, seguí durmiendo, el lobo volvió a despertar.

martes, abril 30, 2013

(KECH-J933) Esquina



La esquina de mi bario es simple como mi vida. Nos encontramos en una sonrisa incierta, a veces verdadera a veces no tanto; la mayor parte de los días ni siquiera nos importa. Somos como una flor, algún día simiente, otra capullo, otra resplandor y otra ocaso y al final polvo, de estrellas quizás, pero polvo al fin. Doña Luisa sabe tanto de mí como yo de ella, nada.

lunes, agosto 13, 2012

(KECH-J674) Heroína

Pensé en huir, la última noche de mayo. Preparé todo, los víveres, la muda, el testamento, la perra y la guitarra; pero me faltó el coraje. Una vez más sucumbí a los embrujos de la sombra, al agridulce de sus ojos ensoñadores. Me sigue matando pedazo a pedazo y a pesar del sufrimiento no puedo, no soy capaz: la cobardía engalana mi pereza y su lujuria muerde mis talones. Si hubiese sabido lo que me esperaba no la hubiese salvado, la habría dejado ahí, presa de la carroña; sin embargo, no pude resistir al encanto de su sangre ni la magia de su inocencia engalanada por miles de cuerpos desgarrados, era el último respiro de un campo de batalla imaginario, de un infierno de fuego y flores. Entre mi locura y sus encantos media la guerra, ese antiguo rito de titanes alimentándose de inocencia ¿Qué más podría haber hecho yo, un superhéroe de pacotilla, al medio de la vorágine de la razón festinándose a la justicia? ¿Qué habrías hecho tú, si fuese a ti a quién le hubiera tocado salvarla? El mundo se hacía añicos y en medio de ruinas, un cuerpo ensangrentado con unos ojos de diosa suplicando por salvación; fui el elegido, no fue el destino quien lo quiso, fue la vida y su juego infinito. Desde aquél día hasta hoy han pasado miles de años; decenas, cientos, miles de guerras han vuelto a ocurrir, más y más carne para la carroña, más y más sangre para la justicia, para los dioses, para los equilibrios, para los reyes, para los pueblos; ellos no dejan de matarse, día tras día, noche tras noche, segundo a segundo, abrazado a su cuerpo, temblando de miedo, agazapado en la trinchera de su vientre, volamos sobre zanjas repletas de vísceras, ciudades quemadas, calles cubiertas de cabezas de niños, gatos chamuscados, vacas carnívoras bajo un cielo a veces brillante a veces gris. Las alambradas, los muros empalados, el aceite hirviendo cayendo sobre las cabelleras, los aviones dejando caer millones de bombas, en los rincones suena la música, algunos bailan mientras pueden, otros ríen, algunos se piensan libres y sueñan, aún tienen tiempo para los hijos, para las manos tiernas de la esperanza. Me rebelo a la seguridad de su amor, quiero volver al campo de batalla, quiero volver a morir, quiero y no puedo; su belleza salvaje me ha atrapado, el engaño de su sangre es la falsa paz de los profetas, lo se, desde el mismo instante en que la tome entre mis brazos. Lloró y la lluvia me engaña, una vez más, otra vez más.

martes, julio 03, 2012

(KECH-J633) Historia de un pez

Afuera de la pecera un hombre lo escribía. Le hizo una burbuja dentro del aire y se la cubrió de agua en todas las extensiones, arriba le dejó una capa que era línea sin ser frontera, un velo de luz que unía su vida con la extensión ¿Cómo sería el mundo del hombre que lo escribía? ¿Cómo sabía el hombre de su necesidad de arenas y plantas? Le hizo unos ojos, un cuerpo platinado entre amarillos y naranjas, una cola que era perfecta para ir de un lado a otro de la burbuja. Un día descubrió que desde el velo caían trocitos anacarados que eran alimento, el hombre que lo escribía lo sabía todo, conocía de sus deseos y necesidades más que el mismo; feliz fue el día cuando descubrió que le habían escrito a un otro, la burbuja era ahora un mundo, lo de afuera no importaba nada. No supo como el olvido le fue llevando al fondo. Ni cuenta se dio cuando su compañero dejo de moverse. Tomó conciencia de la inexistencia cuando ya no caía alimento y la burbuja se hacía cada día más gris. Aferrado a las preguntas fue consumiendo lentamente las últimas moléculas de oxigeno; en el fondo de la burbuja su hogar mutaba en pantano. Se quedo quieto hasta dejarse ir. La desaparición era el fin de un embrujo, el punto de partida para otra historia que algún hombre del aire, algún día contará.

miércoles, mayo 30, 2012

(KECH-J599) La prueba Borges


El futuro no es incierto, todxs sabemos que algo inmutable sucederá; nosotrxs y/o a algunx de quienes nos rodean, morirá. Eso es una certidumbre, una verdad. Por lo tanto, si anclamos nuestros pensamientos en ese instante cierto que ya existe pues es potencia, podremos observar hacía atrás sin temor a encontrar nada; porque, desde aquél punto hacía el ahora todo es posible, cada estado tiene una probabilidad de ocurrencia infinitesimal al limite de la inexistencia, no obstante a la inversa cualquiera puede ser, por lo tanto es, un ahora, es nuestra vida; vale decir, el presente es el pasado de nuestro futuro, por lo tanto todo lo que esta antes del ahora es incierto, no tenemos la certeza de que ocurrió, salvo si estamos ocupando nuestro presente en plena conciencia. En un alto nivel de conciencia (darmos cuenta) podemos establecer que  lo que ahora somos, es el resultado de una serie de acontecimientos que debían ocurrir, sin embargo frente a cada estado existieron (y existen a la vez) infinitas combinaciones de opciones discrecionales, acertijos o disyuntivas, que se siguen resolviendo en sus interminables probabilidades; por lo tanto no nos permiten discernir cual de entre todas estas realidades posibles es exactamente la que estamos viviendo, es por eso que el pasado es incierto; en contrario, tenemos la certeza que a lo menos de los infinitos Borges ninguno quedo vivo tras de su muerte, a pesar de que él mismo siga muriendo por siempre.

lunes, enero 09, 2012

(KECH -j457) un día distinto





La ciudad esperaba en la cima de sus altos edificios que algo sucediera, fuera el encuentro inusual de dos aves con rumbo inverso o una repentina lluvia de verano que diera tregua a la húmeda pesadez de los habitantes de abajo; ni lo uno ni otro sucedía, el tiempo seguía proyectando su monotonía en el transito de la noche y el día. Al amanecer de ese día por todos esperado, las ventanas decidieron no abrir mientras los presurosos transeúntes decidieron no andar; las torres mayores se cimbraron levemente primero a la izquierda luego a la derecha, las menores comenzaron a imitar hasta lograr motivar a los bajitos, la ciudad completa fue por segundos hacía un lado luego hacía el otro. El leve temblor era la manifestación de alegría con que el enjambre de hormigón, acero y cristal daba la bienvenida al esperado día distinto; los de abajo ni cuenta se dieron pero sin saber como ni porque fueron mecidos dulcemente en los brazos de la quietud.


miércoles, octubre 26, 2011

(KECH -N381) Glovis

Hubo un barco llamado Esperanza, en ese llegué a puerto en el año 1982; no había nadie esperándome pues nadie sabía que había venido ni que había llegado ni que había partido, ni yo mismo sabía de este barco y de este puerto, acabo de nacer.

domingo, agosto 21, 2011

(KECH A1-N316) La edad del sol

Habíamos nacido perfectos, tú y yo, los inconclusos. Pero el tiempo no resistió tanta belleza y de un rayo nos hizo polvo, de estrellas y de olvido. Desde ese día muevo los hilos tratando de liberarme de la carne que encadena. Desde ese día me encumbro y caigo, como un Icaro invisible aleteando monótono en un éter ingrávido, como una llorona cibernética jineteando sin cabeza en un sendero de lagrimas de sangre. Desde ese día espero.



lunes, julio 04, 2011

(KECH A1-J268) En tarde fria de invierno porteño recordando a mi amada Mumita

Fue el tiempo de la completitud // la nada fue repletada de colores alborozados // eras la traslucida mirada de gata parda verde amarilla // la del pelo viento enredadera de los sueños // la del ceño fruncido que encaraba rabias de injusticias eternas // la candela de la mano fría del niño triste o del pellejo sarnoso del hermano perro // la de las mañanas dormidas y la aventura presurosa del despertar de los libros // de la luz y los colores // del saber alegre y desconfiado de verdades inertes// la dama de las películas de antaño// la bailadora de cuentos de hadas // entre la poesía y la chucha limpia/ /bendita seas bendición de mi delirio // amada seas eterno corazón de mis silencios.

jueves, mayo 26, 2011

(KECH A1-D227) ¿Por qué las personas escriben novelas pudiendo escribir cuentos?

Por qué las personas escriben novelas pudiendo escribir cuentos? Esta clásica pregunta de lectores ardorosos tiene tantas respuestas como estrellas hay en el cielo, tal cual es posible encontrar respuestas a otras clásicas preguntas como son a modo de ejemplo la interrogante del porque los perros persiguen a los gatos o del porque los hombres prefieren reunirse a platicar con sus amigos en vez de quedarse solos mirando hacia ninguna parte; no obstante de las muchas respuestas vistas, me quedo con dos, una dada por Jorge Luis Borges, quién dice: "Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros; el de explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos" y otra dada por Roland Barthes quien esboza con hermética galanura, lo siguiente: "Innumerables son los relatos del mundo". A pesar de que las dos citas anteriores satisfacen plenamente mi inquietud dubitativa, requiero, con el fin de dejar bien cerrado el hoyo de esta interrogante, esbozar a modo de síntesis lo dicho por Gabriel García Márquez: "Lo que más me importa en este mundo es el proceso de creación. ¿Qué clase de misterio es ése que hace que el simple deseo de contar historias se convierta en una pasión, que un ser humano sea capaz de morir por ella; morir de hambre, frío o lo que sea, con tal de hacer una cosa que no se puede ver ni tocar y que, al fin y al cabo, si bien se mira, no sirve para nada?". Contar historias es exponer una idea para sumarla a la memoria de Funes, a la Biblioteca Infinita o al almanaque de los innumerables relatos, hacerlo más o menos extenso con más o menos talento es lo que va haciendo las diferencias; ahora ojo, que el talento es más un hijo del tiempo y la paciencia que del genio, aunque sin este último, ya sea a lo menos en condición de ambición, es imposible aventurar en la construcción de realidades desde el pensamiento creativo de una mujer u hombre ansioso y dispuesto a parir historias. A esta altura, me pregunto ¿Por qué he llegado hasta aquí? ¿Qué me ha motivado a sumar una nueva página a mis propios relatos, muchas veces soliloquios? Debe ser, tal vez, la sana ociosidad de un momento libre de todo otro momento, una grieta atemporal en el circuito de mi vida, misma que me podría servir de inspiración para muchos, para infinitos relatos, tal cual he ido aprendiendo de mis maestros y maestras; yo mismo soy todas las posibilidades del universo y conmigo nacen y mueren los infinitos universos de galaxias, mariposas, perros, gatos y estrellas. Que este sea solo un cuento o una novela, dependerá fundamentalmente de las cosas que ocurran al interior de este laberinto; si por la puerta principal de esta habitación entra un hombre de apariencia gris, maltraído y con cara de asesino o el mismo hombre gris acompañado de un conejo blanco y de una pareja de enanos o simplemente si no entra nadie.

Mi vida en el laberinto versión hombre gris con cara de asesino.

El llegó hasta aquí a la hora que debía; venía cansado, tenía hambre y sed. Luego de apuntarme con un revolver calibre 58 y de amarrarme a la única silla disponible en esta habitación, me explicó que su misión era hacerme desaparecer, que él era el ejecutor de un juicio ya realizado donde mi única defensa fue esgrimida por una mujer vieja y enferma, evidentemente carcomida por años de dolor y sufrimiento que decía ser mi madre y que apelaba a mí condición de buen hijo, de persona amable que jamás habría siquiera haberse atrevido a dañar a alguien, pero que, a pesar de su tono lastimero y su discurso consistente, no fue capaz de desacreditar y mucho menos negar el testimonio veraz de una decena de victimas con sus respectivas centenas de testigos, algunos encubiertos otros no, que señalaban con indesmentible e inquebrantable lucidez el carácter anómalo de mi personalidad y el gran daño que había causado en la vida de todas ellas. Me señaló que antes de morir, mejor dicho que antes de matarme, él debía leer el veredicto del juez, cuestión que haría una vez que pudiese comer algo y descansar; nadie, indicó con un tono abatido, puede viajar una vida entera, luego de participar de un juicio que duro otra vida completa, llegar a realizar una ejecución sin tener satisfechas necesidades mínimas como son no tener hambre, sentirse limpio y descansado. Lo miré con cara de pollo y le dije que bajara a la cocina, que comiera lo que quisiese, que luego podría bañarse y que si quería podría también cambiarse ropa, usando la mía que estaba limpia; hizo un ademán de aceptación, dio media vuelta y bajó. Han pasado cerca de doscientos años desde aquel evento y nada ha cambiado; sigo aquí sentado y mi verdugo aún no regresa; hay momentos en que tengo ganas de escapar, pero no me atrevo, pues no quiero seguir causando daño a seres imaginarios, no quiero que a mi condena le sumen también la rebeldía; aunque me sueño bajando por las escaleras gritando mi libertad mi sentido de justicia me obliga a seguir esperando a este hombre gris y cansado que tiene por misión matarme.

Mi vida en el laberinto versión hombre gris con conejo blanco y pareja de enanos.

Al verlos entrar no pudiste hacer otra cosa que reírte, no podías parar de reír, nunca antes te habías reído así, cuando las lágrimas comenzaron a secarse y la cianosis comenzó a cubrirte el rostro, el conejo absolutamente descontrolado salto sobre tu cama apoderándose con sus incisivos del lóbulo de tu oreja derecha la que no soltó hasta el momento en que le diste un puñetazo y lo hiciste saltar hasta la ventana, claro que con el hocico ensangrentado y llevando entre sus dientes un colgajo de tu oreja; al momento que aullabas de dolor el hombre gris comenzó a llorar y la pareja de enanos a vociferar maldiciones y juicios funestos respecto de tu vida y la maldad, al mismo tiempo que corrían a socorrer al conejo. Pasados unos minutos el hombre gris se acercó al enano y a los conejos, formando los cuatro una línea frente a ti justo a los pies de tu cama. La sangre de tu oreja seguía saliendo a borbotones, ya no reías, tampoco aullabas, solo respirabas entrecortadamente, buscando aire para decir algo que no sabías, tu mente confusa trataba de explicar quiénes eran y que hacían aquí. El hombre gris comenzó a hablar, te dijo que este encuentro no era fortuito; él era un buscador, el conejo su guía espiritual y el par de enanos sus servidores; los buscadores eran los encargados de entregar mensajes que alguien nunca se atrevió a entregarte directamente, cosas que alguien te quiso decir pero que nunca pudo, ya sea porque no se atrevió o porque se arrepintió o porque lo olvidó, o también mensajes que tu no captaste porque no los viste, no los oíste o no les prestaste atención; su misión en este aquí y ahora era entregarte esos mensajes, eran muchos y les quedaba poco tiempo; pidió disculpas por el actuar apresurado del conejo, lo exculpó señalando que tu risa era una provocación a la quietud del alma de su guía. Los enanos sacaron de sus bolsillos un par de libros y una carpa inflable azul con forma de iglú coronada por un juego de luces led que titilaban al ritmo y frecuencia de los sonidos del ambiente. El hombre gris se sentó al centro de la carpa, sobre su hombro el conejo y en sus flancos cada uno de los enanos; comenzó la lectura. Lo primero que escuchaste fue un texto escrito por tu madre que decía: “6 huevos, medio kilo de pan, un cuarto de azúcar”, fue aquella vez que llegaste a casa con dos kilos de pan y tu madre te reprendía por no haber traído azúcar y huevos, enojado rememorabas que a esa edad no sabías leer y que nunca habías visto ese maldito papel; pasaron frases cortas de amiguitas que te quisieron; una nota de tu padre en una oportunidad en que se arrepintió de suicidarse; cartas de cobranza; pensamientos de muchos y muchas que se quedaron en el cruce de los universos; las quejas de tu hija por no ser todo lo buen padre que ella hubiese deseado que fueses; las de tu mujer, cansada de tus muchas borracheras; también destacaban los deseos buenos y malos de muchos y muchas respecto de tu destino. Cuando habían transcurrido ya cerca de quinientos años, el hombre gris detuvo abruptamente la lectura, diciendo que tu tiempo y el de él había concluido que eran muchas más las vidas necesarias para cubrir completamente tus contraesperas y contrasilencios; no era posible hacer nada más, miró a su izquierda y derecha indicando una orden que solo sus guardianes podían comprender. Uno de los enanos sacó de sus bolsillos una mesa, un mantel y un par de cubiertos, el otro un brillante cuchillo y un saco de seda; prepararon la mesa instalándola hacía el fondo de la carpa; en una silla pusieron al conejo en la otra te sentaron a ti; acostaron al hombre gris sobre tu cama y con limpios cortes lo desmembraron, echaron todo, menos el corazón dentro del saco de seda; uno de los enanos llevo el corazón del hombre gris hasta la mesa que compartías con el conejo, puso un trozo en tu plato y el resto en el plato de tu acompañante; uno de los enanos guardo el saco y el cuchillo entre sus bolsillos, el otro se hizo cargo de la carpa y todo lo que existía en la habitación a excepción de la mesa, por la misma puerta que llegaron se fueron; solo quedaban el conejo, tú y vuestra cena. Comenzaron a cenar; no sabías como hacerlo; no habían palabras, ni gestos, ni miradas; intuitivamente repetiste los ademanes de tu acompañante; luego de comerse todo lo que estaba fuera de la habitación, el interior de la habitación, cada trozo de corazón del hombre gris, la carpa, la mesa y los platos se comieron uno al otro en un acto infinito que da paso al fin de esta historia y al comienzo de otra.

Mi vida en el laberinto versión no entra nadie.

La puerta de esta habitación sigue siendo una abertura que limita el adentro y el afuera, una línea imaginaria que se ubica en el no lugar. Cada vez que me he atrevido a cruzarla en una u otra dirección he debido necesariamente abandonar, en cualquiera de los extremos, aquello que no puede estar en el otro; estas cosas, generalmente de naturaleza intangible, pues las que se tocan se integran en propiedad al lugar que las contiene, quedan abandonadas o con suerte, suspendidas, en el imaginario de lo que fue, de aquello que no volverá a ocurrir jamás. Después de cientos de años de ir y venir, de abandonar y de recuperar, de muchos cruces por el no lugar he llegado a la sana conclusión que nadie podrá nunca estar ahí, pues si cualquier alguien lo lograra en ese mismo instante todo se congelaría convirtiendo a los infinitos adentros y afueras que hoy existen en antilugares; un universo que se construye de no lugares y antilugares es sin duda algo más que uno o muchos mundos imaginarios; sería ciertamente un terreno fértil para el surgimiento de Alicias y otros héroes menos conocidos como son los Gregorianes y las Mistifeles. El universo de los anti y los no lugares solo es posible, como antes dije, si alguien logra una instalación de un aquí y un ahora en la capa sutil que une y al mismo tiempo divide al adentro y al afuera; como nadie entra por la puerta tampoco nadie sale, por lo tanto aquel estado de no-lugar se encuentra solo en estado potencial, que podría ser posible o manifiesto a partir del reconocimiento de su imposibilidad; en resumen, habitaremos el mundo de los mundos imaginarios, el metalugar, solo cuando logremos un salto a lo imposible y esto solo ocurrirá –u ocurrió- una vez, el registro de tal evento fue-es-sería solo observable a nivel infinitesimal es decir en el espacio que se construye en los límites, que no es otra cosa que el mundo cuántico, mundo por lo demás absolutamente relativo y al que podemos llegar intermediando sigilosas naves que nos permiten realizar aproximaciones infinitas a algo que se aleja cada vez que te le acercas, condición que permitiría la mantención del andar revolucionario según la definición de utopía desplegada por Manoli. Entonces si Manoli tiene razón y nadie entra por esa puerta, desde esta posición del laberinto puedo decir que mientras mantenga mi mente atenta en la conquista del no lugar, aunque nada haga, el mundo seguirá revolucionándose y confabulando a favor de la felicidad asociada al buen vivir y también al buen morir.

Hecho un rápido recorrido por los tres posibles lugares llego a la conclusión que el relato construye un mundo al que cualquiera puede acceder, incluyendo al constructor, sin mediar más clave que la capacidad de descifrar signos y construir significancias, que son tan propias como míos son los enanos, las puertas, los conejos blancos, los hombres grises y las habitaciones.

martes, diciembre 28, 2010

(KECH A1-D79) Kordus

Vendrá un día en que el temporal de tu ausencia hará trizas los artefactos que anclan el cuerpo y la mente a la cordura. Ese día vendrán desde los siete rincones las agujas que separan las hojas de los almanaques que ya nadie lee, las arcillas envueltas en papeles de regalo, las risas espolvoreadas por las plazas de la ciudad, los vendedores de helados fantasiosos, las mujeres que observan por ventanas, los vientos y sus brisas tibias y frías, los almaceneros que engordan sus panzas con monedas sobrantes de impuestos escondidos y los gatos, vendrán muchos gatos, todos los gatos del universo estarán aquí, se presentarán ansiosos, con sus colas al cielo y sus pelos relamidos, ellos serán los encargados de adornar el día del encuentro del sentido. Aquel día me vestiré de gala; cubrirá mi cabeza una cinta de plumas de aves exóticas de la amazonía; mi cuello estará rodeado por láminas de plata labrada; mi brazo derecho se abrigará de retazos de sedas de muchos colores, el izquierdo ira desnudo, dejando ver tatuajes mortuorios de los indios navajos; el torso llevará una camisa color amaranto abotonada hasta el cuello, las caderas y las piernas irán cubiertas de un pantalón blanco de lino grueso que rematan en unos pies descalzos que resaltan uñas pintadas de verde y azul, por último, las manos, estarán la una teñida del rojo de tu vida y la otra del púrpura de tu cielo. Cuando todo este dispuesto, emergeré desde la fuente de Neptuno; al mismo tiempo, desde Atkinson una fanfarria variopinta lanzará acordes recubiertos de rayos láser de colores que crearán un escenario espectral que alentará la apertura de las alcantarillas. Ratas y muertos aflorarán de los adoquines; el primero en volver será Dubois, todo cubierto de musgo y con una sonrisa de oreja a oreja cantará el tango “Volver”, las mujeres que miran por las ventanas le lanzarán pétalos de rosas y los millones de gatos maullarán al unísono haciendo enrojecer a la pálida luna que surgirá allá tras La Campana. Después que el asesino milagroso haya terminado su actuación, vendrá el turno de las cucarachas, cientos, miles de ellas bajando en un zumbido tenue desde lo alto de la Plazuela San Luis, pasarán algunas de infante redoblando sus patitas en marcha china y las otras moviendo sus alas escarlatas y dibujando mariposas en la noche alumbrada por faroles a vela. Detrás de las cucarachas vendrán los perros, primero los perseguidores de ruedas, comandados por Lupo, un perro negro y flaco con cola de plumero; luego los roba pescados, dirigidos por Laica, la de patas cortas y pelo duro; por último los muerde piernas, esos que se juntan en esquinas y plazas para asustar a cualquiera. El remate de las marchas estará a cargo de las palomas, las gaviotas y los murciélagos; en el piso las palomas en escuadrón, sobre ellas y en vuelos rasantes irán los murciélagos, más arriba en lo alto, gaviotas en envergadura blanca chillando la marcha del escuadrón de las voladoras. Terminados los honores introductorios cesará la fanfarria y se apagarán las luces; los colores darán paso a la penumbra sepia de un Valparaíso en velas; se otorgará un espacio al silencio, mismo que será corrompido por el burbujear de la fuente de Neptuno que comenzará a bullir en la transformación del agua en lava y fumarolas de un volcán apasionado que estuvo oculto hasta hoy, el día de nuestro reencuentro. En medio de ese silencio en sepia, lanzaré un grito de alegría dolor para hundirme luego en el fuego puro del dolor; un coro de ángeles negros cantará mi nombre y una bandada de golondrinas dibujará el tuyo en el trasfondo rojizo de la luna que siguió perpleja la trama estrepitosa de esta escena de amor universal.

sábado, diciembre 18, 2010

(KECH A1-D69) Las cartas


El espíritu y el corazón del autor, en este caso la autora, o su cuerpo y su mente, siguen brillando cada vez que cada una de sus obras es recogida o vista por alguien, para mi hombre simple y fisgón, hijo ilustre del siglo pasado, afortunado de haber sido el padre de tan bella creadora no me queda más que expresar alegría y agradecimiento por haberla acompañado en su fugaz paso por este planeta y ciertamente orientar, humildemente, a otrxs observadorxs respecto de la historia de la ilustraciones. Ciertamente cada cual tiene la libertad de interpretar el mensaje visual desde su propia perspectiva y otorgarse el derecho a la deconstrucción y a la recreación de la historia, para ello dispone de un espacio en blanco que estará siempre dispuesto para que se atreva a la fantástica aventura de viajar por los mares de la imaginación.


Las Cartas.

Las cartas seres sintientes que acompañan a la humanidad desde siempre, un buen día decidieron dejar de trabajar y se amotinaron en un rincón de la oficina de correos. El motivo era la creciente perdida de sentido de su ser, principalmente porque cada día más eran usadas solo con fines comerciales y judiciales, los mensajes de amor, de amistad o por lo menos de despecho u odio eran cada vez menores, lo peor de todo era que ya no las hacían con lápices, menos con las elegantes plumas de antaño, si no con tinta o polvo láser que se impregnaba en papel por medios electrónicos o por prensas. Un horror insoportable; ellas se negaban a ser usadas como medios de cobranza, de amenazas judiciales, de rendición de cuentas o de soporte de saludos estandarizados donde hasta las firmas no eran más que la reproducción en miles y a veces millones de una que en algún momento surgió desde la mano de alguién. Exigían a los humanos que volvieran al sentido prístino de la comunicación, que volvieran a sentir que cada mensaje era para un receptor único e irrepetible y que cada emisor no podía abandonar de su corazón la imagen y el sentimiento de quien lo leería. Pasaron muchos días, semanas, meses y años; los mensajes siguieron circulando, a falta de cartas los humanos comenzaron a usar con más intensidad los artilugios electrónicos, teléfonos, computadoras y lecto-escritores digitales eran los preferidos, ya nadie se acordaba que en un rincón de alguna oficina de correo de algún lugar del mundo un grupo de heroicas cartas se amarilleaban y resquebrajaban al paso del tiempo con el único fin de recuperar el sentido de las palabras y los sentimientos.
La imagen es de Carla Renault Z.

viernes, septiembre 24, 2010

A8_N192: Perro negro

El bosque encantado se ha llenado de lobos; lás últimas moscas abandonan los huesos ya limpios hasta el brillo. Desde lo alto el Tue-Tue grazna tres veces; debajo de las sabanas un hombre se corta las orejas pero de todas formas muere, no es posible trampearle a la inefable e inequivoca reina de los cielos. Desde el techo de esta casa oteo hacia otros lares; mi ama y yo nos vamos rumbo al norte.