domingo, agosto 19, 2018

(kech-2870) Amor televisivo

Siempre soñó con vivir en Honolulu y jamás creyó que fuera posible hasta que conoció a Jaiva, una mujer horrible pero millonaria, lo que no tenía en belleza lo tenía en inteligencia, sabiduría y valentía. El era un pobre truhán, un pordiosero de mal aspecto que apenas sabía leer y  escribir pero que amaba la televisión, lo que sabía del mundo lo aprendió gracias a las miles de horas que había dedicado a mirar todo tipo de programas: teleseries, noticias, matinales, películas buenas y malas, cualquier cosa que se emitiera era de su interés, aunque de todo lo que veía lo que más le apasionaba eran los programas de viajes, ahí supo de Honolulu, de las palmeras, los volcanes, las aguas transparentes y los peces de colores, ahí comenzó a construir su sueño, una fantasía tan vívida y tan propia que le llevó al limite de la irrealidad. Jaiva estaba en Chile por asunto de negocios, vino a comprar un viñedo y unas bodegas que producían uno de los tintos más codiciados del mundo, un Merlot único e irrepetible. Por sortilegio del destino,  el estaba trabajando en esa viña el día que ella fue a comprarla; su tarea consistía en limpiar las acequias que regaban los extensos viñedos. Cuando sus miradas se cruzaron, en ese mágico instante que solo unos pocos pueden describir, ambos supieron que habían encontrado algo que les pertenecía, el amor. Antes de retirarse del viñedo, Jaiva le pidió a Rosendo Luna, el hombre que le estaba vendiendo el viñedo, que llamara al empleado sucio y maloliente que estaba limpiando las acequias; Rosendo Luna sin ninguna resistencia acogió la extraña petición. Jaiva y Joselito salieron juntos de la viña rumbo a Santiago; alojaron en el mismo hotel en que ella pernoctaba; el conoció el amor y al mismo tiempo el agua caliente, los perfumes y el jabón. Al día siguiente hicieron los preparativos para el viaje; Jaiva cerró la compra del viñedo; Joselito fue a despedirse de su madre y de su hermana, es cierto que lloró pero no fue por su familia fue por la tele Antu que presintió nunca más vería. Al llegar a Honolulu, Joselito fue presentado a los parientes y amigos de Jaiva, la verdad es que a nadie le agradó, ella no era agraciada físicamente pero su personalidad y su espíritu irradiaban un encanto que no entonaba ni con el desaliño ni con la mala energía de Joselito; el se dio cuenta del rechazo que provocaba pero no le importó, la verdad es que las vibraciones provenientes del mundo real no tenían ningún impacto en su persona, a él lo desequilibraba la distorsión de la imágenes, los fantasmas, la nieve y por sobre todo los cortes de energía, el mundo era una pesadilla con distorsiones en la imagen y simplemente no existía sin televisión. Jaiva sabía del vicio televisivo de su nuevo compañero, él se encargó de decírselo antes de emprender viaje de Chile a Honolulu, fue por eso que le preparó una habitación especial, solo para él, allí estaba un televisor de 74 pulgadas conectado satelitalmente a todas las emisiones televisivas del mundo; para Joselito aquello era lo más cercano al paraíso, el paraíso completo estaba a la salida de la terraza de su habitación, arenas blancas, mar turquesa, peces de colores, palmeras y un volcán humeante; la realidad superaba la fantasía y todo gracias a ella, su amada Jaiva. La rutina de Joselito era dormir con su mujer, ir a la habitación de la tele y quedarse ahí todo el día, en los intervalos de tanda comercial aprovechaba para ir al baño, salir a la terraza, caminar por la arena, meter los pies al agua, mirar hacía las palmeras y hacía el volcán, comer y beber. Pasaron los días, los meses y los años, sucediendo lo que siempre sucede, la rutina, acto tras acto, programa tras programa, fue minando al amor hasta hacerlo desaparecer por completo. Para Jaiva, el se convirtió en un ser despreciable e insoportable. Para Joselito, ella era un monstruo insaciable de poder que solo quería hacerle daño y que lo había arrancado del lugar de su familia y sus amigos, aunque todos sabemos que nunca tuvo a nadie. En este nuevo escenario, Joselito no tenía ninguna posibilidad de sobrevivir, no sólo era odiado por Jaiva, la isla completa lo despreciaba; lo primero que perdió fue la señal satelital, no habían más programas, el fin había llegado; fue a reclamarle a Jaiva, fue a exigirle, llevaba una maleta, se iría, abandonaría a la malvada, la buscó por todo lugar y no la encontró, ella no estaba,  ni un alma respiraba, estaba solo en una isla al medio de quién sabe dónde. Honolulu comenzó a desfigurarse, primero se desvanecieron las palmeras, luego las arenas blancas, luego,el mar, solo quedó el volcán que comenzó a bramar, a cambiar de color, a enrojecer hasta explotar, hasta desaparecer. Joselito en el vacío murió de soledad, Jaiva quizás nunca existió.

domingo, mayo 27, 2018

(kech-j2787) Poder

Puedo hablar del vertiginoso, del hacedor de pasados y soñador de ayeres, del amo de todas las cosas, las ciertas y las inverosímiles. Puedo hablar de mi padre y de mi madre, tierra, agua, fuego y aire a la vez. Puedo levantar los huesos de mi muerta y desde el polvo insuflar mis otras vidas. Puedo volver a caminar de su mano y abrazar la sutil sombra de sus pasos. Puedo  y no puedo, sueño y no sueño, vivo.

domingo, julio 30, 2017

(KECH-J2486) Confucio y el gitano


Las olas del otoño tiñen todo de un color ámbar, un tapiz crujiente va marcando los pasos de una ciudad adormecida cubierta de  gentes taciturnas, cavilantes, grises. En este paisaje me siento feliz, no paso inadvertido, ellos, también ellas, sienten mis pasos, el resoplido sonoro de mi respirar, como ríe la vida, perdón, esa es otra historia, la de Gitano. 
Decía que aquí, hoy, me siento feliz, despiertan mis ganas de devorar, masticar tibia carne, son las olas del otoño y las hojas, crujientes quiebres de finos huesos, brillan mis ojos, me transporto. 
Soy yo y seis otros hijos y otras hijas de mi madre, ellos son tres y tres ellas también, el primero o el mayor soy yo, antes de mi ella era solo una ahora son más que uno, quizás sin límites, pero, al mirar atrás en busca de principio veo que otras yo me están antecediendo, ya han construido y me han dibujado, hecho cuerpo, hecho carne, Gitano me llamaron.
He aprendido a amar a Confucio, no necesito buscarlo, ni esperarlo, ni abandonarlo, siempre está, es su poder. En un comienzo yo era inmune, me era invisible...

Lo que sigue: Amalgama pluriforme de ángulos e intersticios.