martes, diciembre 31, 2013

lunes, diciembre 16, 2013

(KECH-J1163) El último solsticio

Yo que volé por los mares de tus ojos he encallado mis alas en las raíces de tu tumba; ya no hay canto somnoliento ni manos meciendo tu ensortijado pelo, ya no hay nada, solo un recuerdo, una vaga luz que no alumbra, un extraño olor que se distancia; con el paso de las lunas, crece cierto el infortunio, pudiendo más la pena que el olvido, niego la miel y el dulce abrigo; niego al tiempo y su destino.

domingo, octubre 20, 2013

(KECH-J1107) Diario de un Cerdo (Capitulo XXVII: Vértigo)

No te darás cuenta. Para ti será una hoja más,  ni te fijaras en la fecha, ni siquiera te interesará saber porque ha pasado tanto tiempo, porque tantas noches y tantos días sin atreverme a mirar el blanco infinito de estas hojas, tuve miedo y aún lo tengo; no lo notas porque estoy atestiguando, te estoy contando de una manera u otra que el tiempo no es el nuestro, tampoco el tuyo, hoy menos el mío. No somos ni la sombra del destino, ecos, ecos, solo eso. Puedo parecer críptica, es así, no lo parezco lo soy, estoy lejana ausente ida, no es locura, no es presente ni pasado, es un lugar distinto a los que conoces a los que conocí incluso a los que conozco; conocer es una acción inexistente, en nosotros esta todo, no debemos ir al lugar para estar en él, somos el lugar mismo, todos los lugares. Eso es, no es otra cosa. Miedo a desaparecer a no estar, ser un grito de silencio; angustia, a veces la siento, pero las más es vértigo, de alturas y profundidades; como explicártelo amado Cerdo, como ser todo lo clara que pueda llegar a ser, para decirte que te amo, con esa sutileza de la que no nos podemos escapar. Si le temiste a la imagen del cuchillo oxidado, al que rompe la carne y la envenena, te habrás dado cuenta que ya es tarde que nada pudiste hacer porque no tenías como saber o quizás no quisiste, o no fuiste capaz, de seguir mirando, de seguir atento, el vigía no elige serlo simplemente lo es; la naturaleza es caprichosa pero no equivoca. Sientes la tibieza de las manos al leer, la sientes, es la que yo siento cuando me comunico contigo y es la que siente el que nos lea. Mañana volveré al Zunrize, se que el viejo Esperpento ha vuelto a morir, lo seguirá haciendo, mil y mil veces más, pero las esquinas de su bar estarán siempre dispuestas para nuestras mesas y nuestras músicas. Gracias por tus regalos maldito Cerdo, son tus bendiciones las que me alimentan. No hay locura suficiente que permita escapar a la razón.  No temas, como dicen todos los mapas, yo siempre estaré a tu lado.

lunes, octubre 07, 2013

podrás creer que el tiempo no existe si mis ojos no brillan en los tuyos 
                                                                              podrás realmente creer
                         podrás ver dos caballos y un árbol colgando del cielo?
      quien sabe como romper el reloj y escapar de las arenas del tiempo
sin culpa, sin gloria 
 puede el héroe hacerlo? 
 pueden tus brazos alcanzarme
 puede mi locura limpiar la huella de mis pasos? 
 veo dos caballos y un árbol colgando en el cielo 
                                                                                    cuelgan de mis brazos los tuyos en el balanceo de la trama
en el cielo de tus ojos, me pierdo
me envuelvo
muero

jueves, mayo 16, 2013

(KECH-J949) Los singulares sueños de una marioneta empedernida (s1)

(s1) Lobo: La puerta de la cocina estaba abierta, desde fuera sentía un profundo, un exquisito, un sabroso, olor a carne fresca. Me acerqué despacio, metí la cabeza buscando a algún humano, nadie; la cocina estaba vacía y sobre una mesa, un inmenso trozo de carne, fresca y sanguinolenta; entré, los goznes de la puerta no sonaron; me arrastré, si alguien me sorprendía le haría creer que dormía; seguí avanzando, lentamente, lentamente, los pocos metros que me separaban de mi trofeo parecían ser toda una vida; recordé mi nacimiento, los duros momentos de la calle, aquellos en que tenía sólo unos días y hambre, hambre, tanta que no podía moverme y esperaba echado que algo sucediera, cualquier cosa, algo que me sacara del limbo de la agonía, algo que me ayudara a un buen morir y que me permitiera no seguir sintiendo la perforación del alma que el hambre produce; recordé el rescate, mi primera comida, la segunda después del exquisito y paradisíaco momento en que me sacié hasta el sueño en las tetas de mi madre; luego vino la casa, esta casa, pero antes, la sonrisa, la caricia de Jacinta, mi ama, bella señora que me dio calor, amor, cobijo. En un momento me sentí un traidor; no era hambre lo que me motivaba, no era la búsqueda de reconocimiento, ni tampoco odio, era carne y sangre, aquello a lo que un lobo jamás renunciaría. De un brinco me agazapé, mis mandíbulas de acero corrían por la llanura, de pronto, desde el cielo y como un rayo, cae el palo de la escoba sobre mi lomo, luego la voz de Jacinta, como un trueno, gritando, suelta la carne mal agradecido, suéltala, suéltala; me retorcí como un caimán, me di vuelta, vi su airado y desfigurado rostro, quise saltar sobre ella en defensa de mi presa, pero de la nada otro escobazo y otro y otro, aúlle de dolor, mi alma de lobo estaba herida, me abalancé sobre ella, atrapé su cuello, su sangre manaba tibia, era mía, mía, mía. Desperté sudando; Jacinta me acariciaba, me susurraba, me llamaba a la calma; me dio una galleta, seguí durmiendo, el lobo volvió a despertar.

martes, abril 30, 2013

(KECH-J933) Esquina



La esquina de mi bario es simple como mi vida. Nos encontramos en una sonrisa incierta, a veces verdadera a veces no tanto; la mayor parte de los días ni siquiera nos importa. Somos como una flor, algún día simiente, otra capullo, otra resplandor y otra ocaso y al final polvo, de estrellas quizás, pero polvo al fin. Doña Luisa sabe tanto de mí como yo de ella, nada.

lunes, abril 15, 2013

(KECH-J919) Diario de un Cerdo (Capítulo XXVI: Tambores de guerra)



He descubierto, o más bien me he convencido, que la verdadera forma de vivir es la que cada cual configura; coincidamos con que el mundo que observamos no es el único, por lo tanto es irreal; ejemplos de esta sentencia los hay por millones, uno simple ocurre ahora, lo que yo imagino mientras escribo y hablo,versus, lo que tu percibes mientras me lees o escuchas; tan lejos y tan cerca, espíritus de  un mismo tiempo unidos por un abismo sensorial. Antes de ayer, la vida de los hombres y mujeres parecía muy larga, aunque en una escala temporal, vivían en promedio menos de la mitad de los años que podemos hoy vivir; la dimensión de los grandes ciclos, la rutina cotidiana del claro oscuro o el lapso de la siembra a la cosecha de la simiente humana, eran los mismos; lo diferente era el cúmulo de estímulos que nuestros sentidos recibían y por ende las respuestas o interacciones de nuestro ser  con el entorno y con los otras y las otras; hablábamos pausado, respirábamos y moríamos lento, por lo tanto, parecía que nuestras vidas eran más largas a pesar de que éramos igual de bárbaros y criminales que hoy. Quién diga lo contrario esta viviendo en otro mundo, cosa muy valida, cierta y posible, tal cual he señalado en el comienzo, no obstante, para mi es una posibilidad invalida por lo tanto inaceptable,  veo odio y sangre hacía donde mire; sin embargo, logro vislumbrar que tras la viscosa espuma de la muerte, el cielo es azul y el campo verde y que a lo lejos, tras el rechinar del acero y el estruendo de la pólvora, cantan las aves y los niños ríen. Quizás el vuelo de las aves no se detenga; quizás el flujo de la vida sea eterno; quizás el juego de matar, nacer y morir sea el sentido, y la belleza solo el artilugio, quizás. Afuera el telégrafo no deja de cliquear; yo sonrío, paso el lápiz por mis labios, pienso en tí, en todxs lxs que no acaban de morir y en quienes aún esperan por nacer..

martes, enero 15, 2013

(KECH-J829) Diario de un Cerdo (Capítulo XXV: Soñé que moría)


La mediocridad limita siempre con el hastío, traspasado el limite sobreviene lo fantástico; así fue lo que ocurrió el día de hoy. Muy despierta soñé con el día de mi muerte, como si fuera un juego autista, no había emoción ni juicio; solo observé, primero, contándolas una a una, la infinidad de estrellas que cubrían el manto de mi última noche, luego los rostros de mi vida, todos, uno a uno, rasgo a rasgo, mirada a mirada; luego recordé, los besos y las caricias, esa bendita cercanía que nos da cobijo y nos ata a los otros y a las otras, que habría sido de mi sin ellos y ellas; lentamente fui sintiendo mi pasar por la intersección de la infinitud de espacios que configuran nuestra percepción de lo temporal, cada espacio o cada instante se hacía más denso y profundo; las palabras al aire que el Viejo Espertento fulguraba se me hacían polifonía universal, aves y poetas se hacían carne, verso y canción; mi amado Cerdo esculpía con su historia la mía entera, su nimiedad era el más complejo de los laberintos, la más profunda y onírica traducción del sentido de vivir; mamá y mis pequeños hermanos monstruos seguían incólumes al cruce de todos los trenes, su lucha contra la infamia ya no tenía sentido, eran de pura luz a pesar de la oscuridad de mi santo padre; y él, dulce y taciturno, esculpiendo el epilogo de nuestras no vidas, el sentido del sufrimiento venía registrado en su memoria genética, por más que se esforzará no conocería nunca el placer de la risa y mucho menos podría desenvolver su piel a la luz de una caricia. Me desperté de este no sueño con horror y ansia, la muerte de los vivos es el terror a la vida misma. No quiero que lo sepan. Aquí queda, para quien otee mis viajes al futuro de mi recuerdo.